Educación, para qué y para quién

Publicado: 23 de mayo de 2013 de mapilove en Opinión
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Con la nueva Ley de Educación, la popularmente conocida Ley Wert, se vuelve a dar la espalda a nuestro futuro. Una vez más, los políticos de este país articulan una ley electoralista, que va dirigida más a contentar a su núcleo de votantes que a solucionar los graves problemas que aquejan a la Educación de España desde hace ya demasiados años.

Lo que debería ser una apuesta consensuada por un cambio radical en el sistema, se convierte en una lucha demagógica sobre ideas superficiales. Nuestros gobiernos se han dedicado, sin ningún asomo de pudor, a cambiar una ley de educación por otra, a plantear la reforma de la reforma de la Educación. Se cambia el nombre las asignaturas, se introducen o eliminan materias del curriculum sin ton ni son, o se modifican el número de cursos por etapa educativa…. Y todo ello se lleva a cabo sin que exista un proyecto serio diseñado (que no guiado) por expertos, y asesorado de manera plena por los profesionales que están en contacto directo con los problemas reales: profesores, psicólogos, pedagogos,…

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Cualquier persona razonable entiende que el problema del fracaso o del absentismo escolar no puede residir en una sola asignatura, ya sea “Educación para la Ciudadanía” o “Religión”. Personalmente, prefiero que la escuela pública se dedique a formar a los jóvenes como buenos ciudadanos, y deje para la esfera privada las creencias religiosas. La introducción de la asignatura de “Religión” en el curriculum, nos retrotrae  a aquella  España, no tan lejana, donde el Catolicismo controlaba en gran medida la educación de sus ciudadanos. Afortunadamente, y a ver si se enteran, en la actualidad nuestro país es un estado aconfesional, aunque a algunos estamentos les duela. Sin embargo, hecha esta puntualización, es absurdo pensar que la panacea universal resida en una sola asignatura. Es como si recetásemos una aspirina a un enfermo terminal.

Quisiera pensar que todo es fruto de la ineptitud de nuestros dirigentes, pero me temo que se trata de algo más grave. Deliberadamente, y aunque esto suene a proclama izquierdista, los poderes fácticos de este país han dejado de serlo y se han legitimado en el poder, para desde ahí abandonar la educación de nuestros jóvenes, convirtiéndolos en simples borregos ignorantes que les dejan campar a sus anchas. Porque la verdadera libertad y la verdadera democracia está basada en la EDUCACIÓN. En mi opinión, no existe una auténtica voluntad de abordar seriamente el asunto: no interesa.

Podríamos pensar que, dada la situación de crisis por la que pasamos, no es el mejor momento para realizar una reforma radical del sistema educativo. Sin embargo, creo que, precisamente por eso, es el mejor momento de empezar a apostar por las generaciones venideras. El gasto que supone un sistema totalmente gratuito y de calidad no es mucho mayor del que realizamos ahora (si no, fijémonos en el archiconocido caso de Finlandia). Se trata, como siempre, de mejorar la gestión de los recursos, eliminar lo superfluo y reforzar lo elemental. Y, por supuesto, la defensa de lo público va más allá de las creencias personales, ya sean estas políticas o religiosas.

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